¿Cuántas frigorías necesito de verdad?
Es la pregunta con la que empieza toda instalación. Y la respuesta más repetida —«unas cien frigorías por metro cuadrado»— es la que más equipos mal dimensionados ha provocado en España.
Primero, qué es una frigoría
Una frigoría por hora es la energía necesaria para enfriar un kilogramo de agua un grado centígrado en una hora. Es una unidad heredada del sistema técnico, equivalente a una kilocaloría por hora, y sobrevive en el lenguaje comercial español aunque los catálogos técnicos ya hablen en kilovatios.
1 kW = 860 frigorías/h
Cuando un comercial dice «este equipo da 3.000 frigorías», está diciendo 3,49 kW. Y cuando la etiqueta pone 3,5 kW, son 3.010 frigorías. Es la misma cifra vestida de otra forma.
Por qué falla la regla de las cien frigorías
La regla del pulgar multiplica los metros cuadrados por un número fijo. Es rápida, y por eso se usa. El problema es que trata como iguales dos habitaciones que no se parecen en nada.
Piensa en dos dormitorios de veinte metros cuadrados en el mismo edificio de Sevilla. El primero da al norte, tiene una ventana pequeña con doble acristalamiento y está entre dos viviendas climatizadas. El segundo da al oeste, tiene un ventanal de cuatro metros cuadrados y está bajo cubierta. La regla del pulgar les asigna a los dos 2.000 frigorías. La realidad es que el segundo puede necesitar más del doble que el primero.
La diferencia la marcan factores que la regla ignora por completo:
- Orientación y superficie acristalada. En verano la radiación solar que entra por una ventana al oeste puede ser la partida más grande de toda la carga. Un ventanal orientado a poniente en agosto recibe varias veces más energía que uno al norte.
- Calidad de los cerramientos. Un muro de una vivienda de 1975 sin aislamiento transmite del orden de siete veces más calor por metro cuadrado y grado que uno construido con el CTE vigente.
- Zona climática. La temperatura exterior de diseño en verano no es la misma en Bilbao que en Córdoba, y la diferencia con el interior es justo lo que hay que vencer.
- Uso del local. Un despacho con seis personas, seis ordenadores y luminarias aporta muchísimo calor interno. El mismo espacio como dormitorio, casi ninguno.
- Ventilación. El aire exterior que hay que renovar por normativa entra a la temperatura de la calle y hay que enfriarlo. En locales de pública concurrencia esta partida es enorme.
Qué se calcula en su lugar
El procedimiento serio suma las distintas vías por las que el calor entra en la estancia y resta lo que el equipo debe extraer. Para calefacción, la referencia europea es la norma EN 12831; en España, el marco reglamentario es el RITE. Simplificando mucho, la carga de refrigeración se compone de cuatro sumandos:
Transmisión por cerramientos
El calor que atraviesa muros, cubierta, suelo y ventanas por diferencia de temperatura. Depende del coeficiente de transmitancia de cada elemento —la famosa U, en W/m²K— y del salto térmico entre interior y exterior.
Ganancia solar
La radiación que entra por los huecos acristalados. Depende de la superficie, del factor solar del vidrio y de la orientación. Es la partida que más varía entre estancias aparentemente iguales.
Cargas internas
Personas, iluminación y equipos. Una persona sentada en reposo disipa del orden de setenta vatios de calor sensible; en una cocina de restaurante, la maquinaria puede aportar cientos de vatios por metro cuadrado.
Ventilación
El caudal de aire exterior que exige la normativa según el uso del local, enfriado desde la temperatura de la calle hasta la de diseño. En una vivienda es moderado; en un bar lleno, es la mitad del problema.
A la suma se le aplica un coeficiente de seguridad razonable —del orden de un 10 a un 15 por ciento— y el resultado es la potencia frigorífica que hay que instalar. Ni la que sobra «por si acaso», ni la justa que dejará el equipo trabajando al límite todo el verano.
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La calculadora online hace exactamente estas cuatro partidas con los datos climáticos de tu ciudad y te enseña el desglose, no solo el total. No hace falta instalar nada.
Abrir la calculadoraÓrdenes de magnitud para orientarte
Con todas las reservas del mundo, y solo para detectar disparates, estas son horquillas habituales en vivienda española con aislamiento correcto y orientación normal:
| Estancia | Superficie | Potencia frigorífica orientativa |
|---|---|---|
| Dormitorio | 10–14 m² | 1,5–2,2 kW (1.300–1.900 fg/h) |
| Salón | 20–28 m² | 2,6–4,0 kW (2.200–3.400 fg/h) |
| Salón con ventanal al sur o al oeste | 20–28 m² | 3,5–5,0 kW (3.000–4.300 fg/h) |
| Oficina pequeña, 4–6 puestos | 25–35 m² | 4,0–6,0 kW (3.400–5.200 fg/h) |
Si tu presupuesto se aleja mucho de estas horquillas, no significa que esté mal: significa que hay algo particular en la estancia y conviene que te lo expliquen. Un ático bajo cubierta sin aislar o un local con la fachada entera acristalada se salen de tabla con razón.
Y después del número
Conocer la potencia es la mitad del trabajo. La otra mitad es elegir el esquema —splits independientes, multi-split con una sola unidad exterior, o conductos— y ahí influyen la distribución de la vivienda, la fachada y hasta la comunidad de propietarios. Pero esa decisión se toma mucho mejor cuando el número de partida es real y no una estimación heredada.