Dimensionado

¿Cuántas frigorías necesito de verdad?

Es la pregunta con la que empieza toda instalación. Y la respuesta más repetida —«unas cien frigorías por metro cuadrado»— es la que más equipos mal dimensionados ha provocado en España.

Primero, qué es una frigoría

Una frigoría por hora es la energía necesaria para enfriar un kilogramo de agua un grado centígrado en una hora. Es una unidad heredada del sistema técnico, equivalente a una kilocaloría por hora, y sobrevive en el lenguaje comercial español aunque los catálogos técnicos ya hablen en kilovatios.

1 frigoría/h = 1 kcal/h = 1,163 W
1 kW = 860 frigorías/h

Cuando un comercial dice «este equipo da 3.000 frigorías», está diciendo 3,49 kW. Y cuando la etiqueta pone 3,5 kW, son 3.010 frigorías. Es la misma cifra vestida de otra forma.

Por qué falla la regla de las cien frigorías

La regla del pulgar multiplica los metros cuadrados por un número fijo. Es rápida, y por eso se usa. El problema es que trata como iguales dos habitaciones que no se parecen en nada.

Piensa en dos dormitorios de veinte metros cuadrados en el mismo edificio de Sevilla. El primero da al norte, tiene una ventana pequeña con doble acristalamiento y está entre dos viviendas climatizadas. El segundo da al oeste, tiene un ventanal de cuatro metros cuadrados y está bajo cubierta. La regla del pulgar les asigna a los dos 2.000 frigorías. La realidad es que el segundo puede necesitar más del doble que el primero.

La diferencia la marcan factores que la regla ignora por completo:

El matiz que casi nadie menciona: la regla del pulgar nació cuando el parque de viviendas era homogéneo y mal aislado. En un edificio moderno con buen aislamiento suele sobredimensionar, y en un ático antiguo con ventanales al sur se queda corta. Falla en las dos direcciones, y por eso no compensa.

Qué se calcula en su lugar

El procedimiento serio suma las distintas vías por las que el calor entra en la estancia y resta lo que el equipo debe extraer. Para calefacción, la referencia europea es la norma EN 12831; en España, el marco reglamentario es el RITE. Simplificando mucho, la carga de refrigeración se compone de cuatro sumandos:

Q_total = Q_transmisión + Q_solar + Q_internas + Q_ventilación

Transmisión por cerramientos

El calor que atraviesa muros, cubierta, suelo y ventanas por diferencia de temperatura. Depende del coeficiente de transmitancia de cada elemento —la famosa U, en W/m²K— y del salto térmico entre interior y exterior.

Ganancia solar

La radiación que entra por los huecos acristalados. Depende de la superficie, del factor solar del vidrio y de la orientación. Es la partida que más varía entre estancias aparentemente iguales.

Cargas internas

Personas, iluminación y equipos. Una persona sentada en reposo disipa del orden de setenta vatios de calor sensible; en una cocina de restaurante, la maquinaria puede aportar cientos de vatios por metro cuadrado.

Ventilación

El caudal de aire exterior que exige la normativa según el uso del local, enfriado desde la temperatura de la calle hasta la de diseño. En una vivienda es moderado; en un bar lleno, es la mitad del problema.

A la suma se le aplica un coeficiente de seguridad razonable —del orden de un 10 a un 15 por ciento— y el resultado es la potencia frigorífica que hay que instalar. Ni la que sobra «por si acaso», ni la justa que dejará el equipo trabajando al límite todo el verano.

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Órdenes de magnitud para orientarte

Con todas las reservas del mundo, y solo para detectar disparates, estas son horquillas habituales en vivienda española con aislamiento correcto y orientación normal:

EstanciaSuperficiePotencia frigorífica orientativa
Dormitorio10–14 m²1,5–2,2 kW (1.300–1.900 fg/h)
Salón20–28 m²2,6–4,0 kW (2.200–3.400 fg/h)
Salón con ventanal al sur o al oeste20–28 m²3,5–5,0 kW (3.000–4.300 fg/h)
Oficina pequeña, 4–6 puestos25–35 m²4,0–6,0 kW (3.400–5.200 fg/h)

Si tu presupuesto se aleja mucho de estas horquillas, no significa que esté mal: significa que hay algo particular en la estancia y conviene que te lo expliquen. Un ático bajo cubierta sin aislar o un local con la fachada entera acristalada se salen de tabla con razón.

Cuidado con la conversión. Algunos catálogos mezclan unidades: dan la potencia en BTU/h, en kW o en frigorías según convenga. 12.000 BTU/h son 3,52 kW, es decir unas 3.000 frigorías. Un «equipo de 12.000» y uno «de 3.000 frigorías» son el mismo aparato.

Y después del número

Conocer la potencia es la mitad del trabajo. La otra mitad es elegir el esquema —splits independientes, multi-split con una sola unidad exterior, o conductos— y ahí influyen la distribución de la vivienda, la fachada y hasta la comunidad de propietarios. Pero esa decisión se toma mucho mejor cuando el número de partida es real y no una estimación heredada.

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